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A través de un artículo de José Luis Romo en El Mundo y otro de Jesús Ruiz Mantilla en El País nos enteramos del posible cese de Juan Carlos Pérez de La Fuente como director del Teatro Español. También gracias a estos artículos se hace público que el proyecto vencedor era, paradójicamente, el que menos puntuación obtuvo en el concurso, y que la razón por la que Juan Carlos Pérez de la Fuente superó a sus competidores en el concurso fue eminentemente política.  ¿Por qué lo permitimos entonces (yo el primero)?¿Por qué no anulamos el concurso para que ganara el mejor proyecto? Completan la relación del caso Julio Bravo, en ABC, al señalar a fuentes del Ayuntamiento que apuntan que al ser un contrato de alta dirección puede ser rescindido sin indemnización con un preaviso de 30 días, y Sofía Pérez Mendoza en el diario.es, quien apunta que puede rodar más de una cabeza en diferentes centros, lo que hace pensar que los ceses, de confirmarse, son más políticos que debidos a la mala gestión u otros factores de malas prácticas.

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Juan Carlos Pérez de la Fuente, actual director

 

No voy a entrar a valorar la gestión de Pérez de la fuente en el Teatro Español. Primero, porque apenas ha tenido ocasión sino de iniciar su proyecto en el tiempo que le han dado (caso de confirmarse lo que ya es un secreto a voces). Segundo, porque no quiero que las consideraciones personales distraigan la atención de la cuestión principal: mientras las razones políticas sigan siendo válidas para poner y quitar directores artísticos y censurar o contratar a determinados artistas, nuestro panorama cultural será más pobre, más interesado y menos interesante. Sí diré que Juan Carlos Pérez de la Fuente, al igual que los otros candidatos que se presentaron al concurso, son nombres muy importantes de nuestra escena, y que me gustaría que fueran considerados  aptos o no en función de la calidad de sus proyectos, no de la afinidad política, que muchas veces además es un sambenito con que tratamos de denigrar a los artistas que no piensan como nosotros. En un país democrático, ¿no debería pesar mas la capacidad artística que la alineación política?

Insisto: no es un caso particular del Teatro Español. A falta de datos más recientes, el estudio realizado para la Asociación de Gestores y Técnicos de Cultura de la Comunidad de Madrid por Juan Arturo Rubio Aróstegui en 2006 señala que el 39% de los técnicos de

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El Teatro Español es uno de los más antiguos de Europa en activo.

cultura manifiestan injerencias por parte de los políticos en su trabajo. Si queremos que las cosas cambien, tenemos que dotarnos de instrumentos efectivos que impidan la repetición de estos casos, que no hacen sino enturbiar la labor de los gestores y contribuir a la devaluada impresión que la sociedad civil tiene del estamento artístico.

Algunas ideas. No por repetidas más atendidas. Ninguna es nueva, pero al parecer constituyen más la excepción que la norma

 

  • Concursos públicos y publicitados. No debemos aceptar las concesiones a dedo, ni los concursos diseñados ad hoc para que se lo lleve el amigo de turno, que suele ser el único que ha tenido tiempo para hacer el trabajo minuciosamente.
  • Transparencia: No estaría mal que el público pudiera asistir a la presentación de los proyectos ante el tribunal, para que el proceso sea más abierto y el ciudadano interesado pueda hacerse una idea de primera mano. Según me cuentan, no sería la primera vez. Tampoco estaría mal que los contratos fueran públicos y accesibles.
  • Concursos en que el principal valor para la adjudicación no sea el económico, sino la calidad artística del proyecto, con parámetros cualitativos evaluables.Y diseñados específicamente para los equipos artísticos y técnicos, sin tener que entrar por la puerta de atrás en una UTE con empresas de mantenimiento y seguridad que ahorran a nuestros consistorios mucho dinero, pero que muchas veces acaban dejando los equipamientos en un estado de semiabandono, forzados por las bajísimas ofertas económicas que han hecho para llevarse el concurso y que les impiden reponer equipos.
  •  Contratos programa que comprometan a la administración y los gestores, y que permitan corregir desviaciones o cancelar el contrato en caso de incumplimiento.

Por lo demás, deseo al Teatro Español gestores a la altura de su historia y a la cultura española políticos que estén a la altura de sus necesidades, y no de sus temores.

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