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Vaya por delante que soy de los que opinan, como el maestro, que ojalá el arte de la interpretación fuera como el alambre de un funambulista, para que los incapaces no pudieran sostenerse en él. Dicho esto, no he visto el musical “Iba en serio”, protagonizado por Jorge Javier Vázquez, así que no puedo criticarlo. No he tenido el gusto de conocerle personalmente y, aunque no sigo su programa, porque no me gusta, le considero un gran profesional al servicio de un tipo de  televisión que aborrezco.

La profesión, renegando de Jorge Javier Vázquez

Por eso me ha extrañado tanto el revuelo organizado alrededor del estreno el 4 de septiembre en Málaga, de su espectáculo “Iba en Serio”, protagonizado por él y basado en el éxito editorial “La vida iba en serio” también escrito por él. Me extraña la virulencia de las críticas y las quejas a los responsables de los teatros que lo programan.Y me extraña porque no es la primera vez ni tampoco será la última. ¿Está mejor preparado como actor Jorge Javier que, pongo por caso, Mario Vargas Llosa?¿O que Nacho Vidal, que se subirá a los escenarios en diciembre?¿Dónde estábamos cuando “Torrente” inició la costumbre de llenar sus películas de personajes del mundo televisivo sin ninguna formación actoral? Y en cuanto a la programación de los teatros, creo que una médium televisiva se ha hecho una gira nacional por numerosos teatros públicos asegurando nada menos que ser  capaz de poner en contacto a algunos miembros del público con sus difuntos. ¿Nos quejamos entonces?

Desgraciadamente, hemos decidido, por acción o por omisión, que para subirse a un escenario o ejercer nuestro oficio, no hace falta nada especial. Y así se lo hemos hecho saber al público en general, incluidas nuestras madres, muchas de las cuales no nos consideran actores hasta que hemos salido en la tele. Somos culpables de este desprestigio de la profesión hasta tal punto que el propio sindicato de actores ha nominado y premiado a actores que trabajaban por debajo de las condiciones establecidas por ellos mismos. ¿Por qué entonces nos ensañamos más con Jorge Javier?¿De qué obra han leído ustedes cosas como “Se mueve como si la faja le apretara demasiado” o “Se atasca más que mi viejo Citröen”? Si queremos, y yo lo deseo, que sobre el escenario sólo haya actores y actrices, exijámoslo o pidamos a quienes nos representan que lo exijan. Creemos un colegio de actores y actrices como el Equity y prestigiemos nuestro oficio apartando de las tablas a los no preparados hasta que tengan la calidad que consideremos suficiente.

Mientras tanto, yo doy la bienvenida a los Jorge Javieres que aman el teatro, que se pagan los espectáculos con su dinero, que son lo suficientemente inteligentes como para rodearse de gente mejor que ellos (Julio Awad, Juan Carlos Rubio, Kiti Mánver por nombrar sólo algunos) y que producen cosas como “Miguel de Molina al desnudo”, con César Belda y Ángel Ruiz, a quienes muchos han conocido gracias a Jorge Javier.

Imagen del éxito

Imagen del éxito “Miguel de Molina al desnudo”, producido por Jorge Javier Vázquez

Si da la casualidad de que algún personaje televisivo ama el teatro, y tiene dinero para producir y visibilidad para atraer público, yo le invito a financiar los espectáculos de los grandes creadores de este país: autores, directores, actrices, dramaturgos… Una profesión con un 70% de paro estructural necesita inversores y publicidad.

Y en cuanto a los programadores de teatros públicos, ¿por qué no acordar una cuota de escenario para la creación emergente financiada por los montajes comerciales? Así cabemos todos y cada uno puede ver lo que quiera, que el público no es tonto, como demuestra el éxito de “André y Dorine”, “Verano en diciembre” o “Como si pasara un tren”

No conozco a Jorge Javier, pero conozco bien la hipocresía de un oficio que prefiere condenar a quien lo intenta antes que poner las medidas para que no suceda. Detesto el intrusismo y he sido invitado a abandonar más de un teatro por manifestar mis opiniones con demasiada vehemencia. Pero si no queremos ver las tablas invadidas por incapaces, está en nuestras manos impedirlo. Pero claro, eso requiere mucho más coraje y es mucho más difícil que meterse con los Jorge Javieres.

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