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Acaba de terminar la segunda edición del Surge Madrid, con notables mejoras sobre la primera edición, especialmente en la cuantía económica para artistas y salas en el reparto presupuestario. He de decir que de todas la propuestas institucionales que tratan de apropiarse del talento emergente (Surge, Fringe/Frinje, Talent) el Surge es la que, sin gustarme, menos me disgusta, porque aprende de sus errores, porque su dotación económica es notablemente mayor y porque a la hora  de repartir el dinero tiene en cuenta aspectos que las otras dos no: residencias artísticas, número de actores en los repartos…

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La Comunidad difunde el Off como esta foto anuncia una compañía (publicidad oficial del Surge)

Sin embargo, el Surge, como muestra, hereda todos los defectos del off: excesiva multiprogramación (49 estrenos en 3 semanas son demasiados) y falta de conexión tanto con la prensa especializada, que tiene problemas para difundir la crítica sobre un espectáculo que va a estar 3 días en cartel,  como con el gran público a quien, se supone, se dirige, Como además, los montajes tienen que ser estrenos, en realidad la cantidad asignada al estreno sirve a las compañías para producir el espectáculo, con lo que la Comunidad de Madrid colabora sin querer en la precariedad que impera en el Off de Madrid.

Es decir, en el Off, durante el Surge, no sucede nada que no ocurra el resto de los meses. Si acaso, está mejor pagado. No bien, sólo mejor. Entiendo que las salas participen en una muestra que les reconoce el valor de sostener proyectos más comprometidos con la renovación cultural que con la rentabilidad económica. Se lo merecen. Y que las compañías estrenen amparadas por una subvención de limosna pero que cubre parte del infinito riesgo que implica estrenar hoy en el Off de Madrid si se cumplen las condiciones laborales mínimas. Pero me gustaría que, ya que nos vendemos, lo hagamos más caro.  La Comunidad de Madrid no puede disimular con este evento su probado desinterés por políticas que permitan al Off una supervivencia a medio o largo plazo. Licencias, regulación específica, condiciones laborales, subvenciones, ayudas a la comunicación y difusión o políticas de público son algunos de los temas en los que la Comunidad podría hacer una propuesta de valor que complementara su apoyo. Si se limita a alquilar las salas en el mes que toca el Surge (esta vez antes de las elecciones autonómicas), es preferible volver al modelo de Escena Contemporánea, o destinar la partida del Surge a la subvención a la programación de salas, y dejar que los gestores del Off hagan lo que llevan haciendo mucho tiempo sin ayuda: dar visibilidad a la creación emergente.

La muestra se anuncia como “un diseño de la gestión cultural innovador basado en un principio participativo.” Estaría bien que las salas estuvieran más presentes en la gestión, o por lo menos, en la publicidad, donde el único logo presente es de la Comunidad.  Si la participación se limita al intercambio económico la muestra será como su cartel, un rasguño en un panorama en el que el Off se ahoga.

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