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images-1No me gusta demasiado hablar del IVA, a pesar de ser la segunda vez que lo hago en el blog. Me parece que, siendo una medida injusta e injustificable, la insistencia que mostramos en hacer recaer en él todos los males que aquejan a la profesión es un error, porque establece en el público de fuera del sector la idea de que es el único mal que nos aqueja, y de que, una vez bajen el impuesto, el teatro florecerá a los niveles (¿felices?) de los tiempos anteriores a la crisis.

El principal problema que sufrimos,desde mi punto de vista, es la falta de políticas a medio y largo plazo que nos permitan adaptarnos a un modelo de negocio que ha cambiado, y que nos permitan desarrollar una industria más allá de la dependencia de las Administraciones y de la precariedad generalizada en la que nos movemos. Pero esa es otra historia, y espero que haya tiempo de hablar de ella en otros posts.

El anuncio (o globo sonda) que un medio de tirada nacional publicó esta semana con la bajada del IVA al 10% me ha hecho reflexionar sobre un par de cosas que me gustaría que ocurrieran antes de que ese acontecimiento, si finalmente sucede, nos caiga como el maná llovido del cielo.

Más allá del oportunismo electoral del anuncio en cuestión, creo que es importante que la opinión pública sepa claramente que el sector ha asumido en exclusiva la subida del IVA, y que esta subida no se ha trasladado al precio de las entradas. La subida de 13 puntos en el IVA se ha comido los márgenes de beneficio, y los empresarios han preferido no trasladar esa subida a un público con un poder adquisitivo muy mermado. Si este mensaje no cala, corremos el peligro de que se espere, como ocurriría con cualquier otro producto, que la bajada del IVA implique automáticamente una bajada de los precios. Es importante ser claro con el público para no generar más recelos hacia un sector que es visto con poca simpatía por parte de la población

Por otro lado, estaría bien fijarse un objetivo para saber qué porcentaje de IVA nos va a parecer suficiente. El IVA, además de un impuesto, se ha convertido en el símbolo más evidente de la desafección de este gobierno por la cultura. A ver si nos bajan el IVA al 10% y soltamos gritos de alegría por una medida que, en realidad, implica que nos lo han subido un 2%.. Necesitamos un impuesto que además de facilitar la actividad empresarial en un entorno cada vez más arriesgado para los empresarios, reconozca a la cultura el valor transversal que tiene para cualquier sociedad que quiera llamarse civilizada.

Lo demás son brindis al sol.

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