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En todos los planes de teatro, entrevistas, declaraciones, manifiestos, proclamas, palimpsestos y desideratas dedicados a qué hacer con el teatro en nuestro país, aparece la cuestión de la educación, o más concretamente, de cómo paliar la falta de presencia de las artes en las aulas.

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  1.  Residencias de compañías en centros escolares.

Son muchas las compañías teatrales que no disponen de un espacio de ensayos. De igual forma, son muchos los centros que poseen espacios escénicos infrautilizados. ¿Por qué no establecer una relación compañías-centros de manera que ambas se beneficien? La idea es que los centros cedan sus espacios en horarios pactados y con la flexibilidad lógica, a compañías teatrales profesionales. ¿Qué obtiene el centro educativo a cambio de dicha cesión? Una serie de servicios, que se pueden acordar de antemano, y que la compañía, en función de su capacidad, puede ofrecer a la comunidad educativa, siempre bajo la supervisión del centro y amoldándose a su currículo y necesidades:

  • Establecer un grupo de teatro en el centro
  • Representación de escenas de las obras que los alumnos tienen que conocer. El teatro es un arte vivo, y la diferencia entre ver una escena o leerla puede ser muy grande. Los educadores pueden recurrir a actores profesionales para dar vida a la materia que enseñan
  • Uso de herramienta teatrales para la capacitación de alumnos y profesores: clases de voz, de corrección postural, herramientas de comunicación en público, cuentacuentos, etc

La relación entre centros y compañías debería estar regulada por un contrato que establezca una equidad en los intercambios, y debería ser evaluable para poder mejorar el proyecto en el futuro.

2. Creación de una Compañía Estatal de representaciones educativas, que sirva de puente entre las escuelas de Arte Dramático y la profesión y que represente las obras que forman parte del currículo académico.

Esta Compañía, que podría hacer un espectáculo por trimestre, conjugaría actores y directores de larga trayectoria con jóvenes recién egresados de las escuelas oficiales de Arte Dramático. Los jóvenes, como becarios, harían aquí lo que antes se llamaba el meritoriaje, y se establecería un tiempo máximo de permanencia de 2 años. Los creadores más veteranos (actores, directores, escenógrafos, etc) pueden tener un canal de transmisión del oficio teatral y los jóvenes tienen un acceso a la profesión después de las escuelas, a la vez que una oportunidad de devolver a la sociedad su inversión en la formación. Los centros escolares pueden además ver montadas las funciones que tienen que leer y el trabajo se complementaría con cuadernos pedagógicos.

niño+teatroNo soy maestro, y quizá quienes sí lo son vean en estas propuestas errores que yo no adivino, pero creo que merece la pena darle una vuelta a la participación del arte en el aula.  Las 2 propuestas implican la participación generosa del entramado artístico y educativo y de las Administracones. Los proyectos educativos en los que he participado durante varios años (Trasteatro y Premios Buero de Teatro Joven)  me hacen creer  firmemente en la generosidad de los profesores y en su disposición, y los artistas estamos deseando compartir nuestro amor por el teatro con generaciones de nuevos públicos. Necesitamos acceder a esos niños y jóvenes y a nuevas maneras de experimentar el arte alejadas del academicismo. Y cuando se hace bien, funciona. Y si no, que se lo pregunten a la flamante ganadora del premio Ojo Crítico, la Joven Compañía. ¿Que no la conocen? Pues ya están tardando.

http://www.lajovencompania.com/

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